lunes, 15 de febrero de 2010

La Paloma y Parque Nacional Santa Teresa.

La Ruta.

La ruta en esta parte del Uruguay no es tan fácil. Muchos turistas yendo a Brasil con autos sobrecargados. A pesar de eso, gracias a la buena onda que Fabi pone con su armónica y bastante paciencia, llegamos a La Paloma.

La idea era ir hasta Valizas y, desde ahí, hacer una caminata al famoso y renombrado Cabo Polonio. Pero cuando llegamos a Rocha ya era muy tarde para seguir, así que La Paloma nos tuvo de visita. El camping nos sorprendió por lo grande y organizado, pero finamente sucio: papelitos, botellas, bolsitas, cigarrillos que los turistas dejan y nadie se encarga de recoger. Sin otra opción nos quedamos.

Aunque no le dimos mucha oportunidad, la playa de la Base Naval y la calle principal de La Paloma no nos llamaron la atención. Al otro día partimos.

La idea de Cabo Polonio quedó atrás. Una caminata de 8 kilómetros y dunas para ir a conocer un páramo desierto al lado del mar donde no te dejan acampar no nos terminó de convencer.

Salimos de La Paloma y recibimos el regalo de la ruta con el que todo mochilero sueña. Nos levantó Carlos, EL carnicero del pueblo y, de onda, nos regaló como 2 kilos de carne, entre morcilla dulce (con ciruela y nuez) y chorizo parrillero (y del bueno!). ¡Envidiennos!

Al mediodía, después de varias horas esperando salir de Rocha, nos encontrábamos en el acceso a Punta del Diablo, haciendo picnic de morcilla y tomate bajo la frondosa sombra de un árbol y en un mullido colchón de césped. Siesta reparadora y a caminar cuatro kilómetros por la ruta hasta la entrada del Parque Nacional Santa Teresa, más otros cinco hasta el camping donde nos instalamos... Luego descubrimos que nuestro último dedo, el que nos dejó en el acceso a Punta del Diablo, nos hubiera dejado en el pueblo mismo, a sólo 2 km del sector de acampe del Parque Nacional.

En este viaje desde Rocha hasta la entrada a Punta del Diablo el hombre que nos levantó también subió a una familia hippie que vivía por Oceanía de Polonio. Se dedican a sus artesanías y a hacer quesos y otros lácteos con una vaca prestada. Viajaban con una bebé. El padre, que iba sentado en la caja con nosotros nos contó de sus viajes anteriores y de cómo desde el año 2000 había dejado Montevideo para viajar. Viven de la quintita que tienen y de sus artesanías. Realmente se los veía felices. Creen en el calendario maya, algo místico e incomprensible para nosotros, pero no molestan a nadie con esto. Parecían auténtico hippies, que viven libres, sin atadura alguna. Nos planteamos que a nosotros no nos gustaría vivir así, pero siempre hay algo que aprender de quienes son diferentes o creen en otras cosas, ¿no?

Parque Nacional Santa Teresa.

El Parque Nacional Santa Teresa tiene preceptos diferentes a los que conocemos en Argentina. En primer lugar el Parque se crea pensando en la preservación del patrimonio histórico y cultural de la Fortaleza de Santa Teresa. En segundo lugar toda la forestación es introducida; se plantaron más de 600.000 árboles que representan la flora de los 5 continentes, reemplazando parcialmente el pastizal típico de estas pampas. En tercer lugar este y otros parques, albergan a una raza bovina histórica, que en los años 40 fue identificada y se la empezó a cuidar de mezclas con otras razas: el ganado criollo uruguayo. Finalmente, y lo que nos llamó mucho la atención es que aquí no hay una Administración de Parques Nacional, sino que es un área del Ejército Uruguayo: el Servicio de Parques del Ejercito (SEPAE). Así que uno se cruza con camiones verde oliva llenos de soldados, jeeps militares, se escuchan tiros por ahí y se encuentran soldados de verde camuflado, martillo, sierra y pala en mano, armando toboganes, sube y bajas y otros aparatos en áreas de juego para niños.

Actualmente está creándose un servicio nacional de áreas protegidas que parece apuntar más específicamente a la preservación de ecosistemas autóctonos.

Con todas esas sorpresas, el Parque es un lugar lindo, de frondosos bosques, estrechos senderos, playas agradables y, si uno elige bien el sector de acampe, mucha tranquilidad.

La Fortaleza de Santa Teresa es uno de los tantos fuertes que sirvieron para guarecer la frontera entre portugueses y españoles a partir de 1762. Alternativamente fue portuguesa, española, oriental, brsaileña y finalmente uruguaya a partir del 31 de diciembre de 1825. Fue colonia penal y estuvo abandonada hasta que en 1917 la visitó Horacio Arredondo. Este hombre presentó una nota al entonces Presidente Brum para que se considerara restaruar y conservar la fortaleza. Así son los inicios del Parque Nacional.

Con tiempo y tesón Arredondo transformó la Fortaleza y sus alrededores en un gran parque natural.

Punta del Diablo.

Nos acercamos caminando por la playa desde Santa Teresa, cruzando unas dunas. Apenas se pasan las dunas la vista es agradable. La playa es linda, y las casitas multicolores se asientan sobre una lomada que termina en la playa. No se veía demasiada gente.

Al acercarnos comienza la decepción (algunos nos habían hablado maravillas de este lugar).

Caminando por la playa descubrimos que entre toda la gente, en la parte más céntrica salía un arroyito con olor a caca, así nomás. Caminando empezamos a ver bastante basura en los caminos y las casas muy descuidadas. Luego quisimos buscar una sombra, un árbol, algo, y no había nada. En nuestra búsqueda nos seguimos encontrando contenedores desbordados de basura, charcos putrefactosy otros chorrillos apestosos. Parece ser un pueblo nuevo, turísticos, con casas de alquiler y restaurants de verano, hippie-chic, mezcla de pueblo de pescadores, surfers y rastafaris que después de pasar el verano se van para otros destinos sin importarles las condiciones en que se deja este pueblo.

Tiene algunos detalles que podrían hacerlo un lugar muy particular, como las casas de madera de estilos disímiles o los carteles pintados a pulso en los negocios, pero esto no llega a balancear lo que escribimos más arriba.

A nosotros no nos gustó.

Al margen: ¿cómo se llamará la iglesia de este lugar?

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Foto 1: La ruta y nosotros.
Foto 2: Un regalo de la ruta que será poco enriquecedor como viajeros... ¡pero qué bueno que estuvo!
Foto 3: Caminando el Parque hacia el área de acampe, 10 km bajo el sol.
Foto 4: Las playas del Parque Nacional.
Foto 5: Un caballo y una esquina de la Fortaleza, que tiene unos 100 metros de largo por otros 150 de ancho.
Fotos 6 y 7: detalles del pintoresquismo del Diablo.

2 comentarios:

  1. Hola re!!!! copado lo que estan haciendo. me encanta que se hayan lanzado a la ruta!
    voy a intentar seguir al tanto de tus historias, buena la idea de publicarlas en el blog.
    abrazo fuerte y cuidense!!!
    flori

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  2. noooo, como les envidiamos ese asaditooooo!
    aca ya estamos en cuenca, ecuador, deseando que las rutas nos crucen!
    besotes!

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