jueves, 4 de febrero de 2010

Montevideo.

La llegada a Montevideo no fue fácil. Mucho argentino cheto yendo a Punta del Este con vidrios polarizados que ni nos dejaban verles las caras. Cansados, mal dormidos y acalorados, ya en Montevideo nos metimos al primer hostel que teníamos anotado; salió caro y malo. Más tarde descubrimos que Leandro, nuestro contacto HC y su mamá Adriana habían hecho una investigación para ver dónde podíamos dormir lindo y barato. El hotelito frente a su casa era ideal. Allí nos mudamos.


Montevideo tiene algunos edificios con cúpulas y arquitectura a lo metrópolis muiy particulares. Pero, com la mayoría de las grandes ciudades, no parece tener un código urbano que prohíba construir una torre vidriada en la Plaza Principal. Es, se puede decir, una ciudad desprolija, como la mayoría de los países latinoamericanos, nunca alcanzan los fondos para la conservación de las zonas antiguas. Sin embargo, lo más lindo de Montevideo es la gente. El tránsito es mucho más ordenado y respetuoso que Buenos Aires y es la ciudad capital más segura de latinoamérica. Lo atestiguan los niños jugando a la pelota en la calle a las once de la noche.


Ayer fue un día de descubirimentos: el carnaval uruguayo es mucho más fuerte y popular de lo que creíamos y la diosa Yemanjá, madre de todos los orixás (dioses) umbandas tiene muchísimos seguidores en Uruguay.


El carnaval dura 40 días. En los cuales los tablados y el teatro de verano muestran a sus humoristas, parodistas, lubolos, murgas y revistas. Cada grupo tiene su hinchada como un Ferro - Vélez en Argentina. La mayoría de los grupos hacen shows en escenario (tablados al aire libre) con música y letra propia, que obligatoriamente debe ser una crítica social. Los trajes son coloridos, los maquillajes profusos y llamativos. Los únicos que marchas con sus tambores en la calle son los lubolos, de origen afro (aunque sean blancos pintados de negro) lo más parecido a lo que nosotros llamamos murga. Para el uruguayo el carnaval es un sentimiento que une a toda la sociedad, incluyendo a grupos de trabajo desde la cárcel y a los barrios más pobres.


A la noche nos dirigimos a la playa Ramírez, donde el pueblo Umbanda se junta todos los 2 de febrero (en Brasil es el 31 de diciembre) a hacerle ofrendas a su diosa Yemanjá. Nos sorprendió la enorme cantidad de gente participando de este rito. Arman pequeños barcos-altares, los cargan con alimentos, flores y velas y se internan en el mar a dejar ir su ofrenda. Había música y bailes rituales, donde algunos parecían entrar en trance. Hay pais y mais que santiguaban a la gente sacándoles las malas energías. Luego nos contaría nuesta anfitriona Camila que muchos practicantes eligen hacer sus ofrendas en lugares más apartados, evitando la mediatización del evento. Los umbandas no practican magia negra. Lo que sí hacen y fue legalizado por el estado es sacrificio de animales. Hace más de noventa años que rige la libertad de cultos en Uruguay.

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