viernes, 5 de marzo de 2010

Florianopolis, Isla de Santa Catarina y Joinville

Floripa

Finalmente llegamos a Florianópolis, que al contrario de lo que todo el mundo cree, es una tremenda ciudad. Junto al gran Florianópolis llega a juntar mas de 1 millón de habitantes. Floripa comienza un poco antes del puente que cruza a la isla de Santa Catarina y continúa en la isla toda. El centro histórico de la ciudad está muy bien conservado, con casas coliniales y coloridas que, al lado de la frondosísima Praça XV de Novembro, con sus gigantes árboles, el Mercado Público y lo que era la Aduana, hacen de este lugar un muy agradable paseo. Además, si vienen de paseo, no se pierdan la costanera norte! Luego, a lo largo de la isla (de mas o menos 50 km de largo), hay una cantidad de poblados que están conectados entre sí nada menos que por una autopista. Nosotros nos imaginábamos algo mucho mas aislado y solitario. El lado norte de la isla, en donde se encuentra Canasveiras, entre otros, es el más visitado y turístico, por lo tanto tiene mucha más vida nocturna y es más caro. Al sur los pueblos son más habitados durante todo el año, es más tranquilo, pero no por eso más aislado.

Por la forma de la isla, ésta sirvió históricamente como refugio y descanso para los barcos que iban a dar la vuelta al Cabo de Hornos (extremo sur de America), asi que los portugueses se asentaron en 1726 y dijeron "esto es mío". Hicieron 4 fuertes en los dos extremos de la isla , resguardando las bahías que esta rodea. Que feo lugar vinieron a elegir estos muchachos! Aguas claras, más calidas al norte que al sur, arenas blancas, vegetacion y un buen clima casi todo el año.

Cuando llegamos a la ciudad nos pasó a buscar Charles, nuestro contacto HC, que nos llevó a su casa y nos presentó a su mujer Talita y a su hijo de 6 años Felipe. Nos recibieron como si fuéramos amigos de toda la vida, siempre una sonrisa, buena charla y hasta Felipe nos cedió su  cuarto y sus juguetes.  Con ellos conocimos uno de los fuertes de la isla y su playa: Praia do forte.

Tuvimos varios momentos de charla y hasta presenciamos las airadas quejas de la vecina de enfrente por temas de consorcio (entendimos la mitad). Tanto Charles como Talita nos confirmaron en persona una historia que habíamos leído anteriormente. Ellos, de clase media, fueron a escuela secundaria pública y luego a universidad privada. La universidad pública en Brasil es excelente, mucho mejor que la privada. Es gratuita, pero con cupo limitado y con exámenes muy exigentes. Así que allí los caminos se cruzan. La clase alta de buenas escuelas secundarias privadas aprueban los exámenes y entran a la universidad pública gratuita. La clase media no pasa los exámenes y se ve obligada a sacar préstamos a 15 años para poder cursar en una privada (que luego nos enteramos que las carreras más caras llegan a pagar 1600 reales por mes!, o sea como 3500 pesos argentinos).

Después de dos noches con ellos tuvieron la gentileza de llevarnos hasta el Camping Dos Açores, en Campeche, al sur de la isla, donde nos quedaríamos tres noches.

Isla de Santa Catarina

Desde nuestro campamento y mediante el sistema de transporte de la isla, dedicamos un día a una playa diferente cada día, por tres días. Todas las playas de arenas muy claras y aguas bastante transparentes.

Praia do Campeche es la más extensa de la isla, da hacia mar abierto y es ideal para surfers. El día que la caminamos un viento lindo del sudeste creaba olas espectaculares, donde los surfers daban un gran show para todos los turistas. Frente a la playa se encuentra la Ilha do Campeche, reserva natural a la que no pudimos ir por el precio del pasaje.

La segunda mañana nos fuimos lejos. Del extremo sur de la isla sale una huella de 40 minutos hacia Praia de Naufragados (búsquenlo con google y envídiennos!). La playa estaba buenísima, pero no tan solitaria. Dos barcitos y un grupo de adolescentes gritones que nos obligó a buscar un lugar más alejado eran la única presencia notable en la playa. Muchos surfers y, antes de emprender el regreso, lo inesperado: un grupo de delfines se acercó a jugar con los surfers. Eso nos dió otro espectáculo maravilloso. Al regreso, y aunque por momentos íbamos cantando a los gritos y golpeando el piso con bastones, no vimos ninguna víbora en este maravilloso camino.

Al otro día conocimos otra playa, un poco más alejada: Lagoinha do Leste. Según algunas encuestas está entre las mejores diez playas de Brasil. El clima no acompañó demasiado pero nos permitió hacer el camino por la Mata Atlántica. Aunque un poco complicado, lo pudimos disfrutar. También pasamos un buen rato de playa antes que la lluvia nos obligara a emprender un regreso bastante húmedo hacia el camping.

Nuevamente no vimos ninguna víbora. Como nos dijeron todos, ver una víbora es bastante poco común, pero el hecho de verla en la primera senda que hicimos (unos días atrás) y el hecho de que fuera enorme y claramente venenosa, y que más que desaparecer sólo se alejó para luego pegar la vuelta a la huella, nos metió un cagazo bárbaro para las demás caminatas. Yo creo, siguiendo la teoría claverística de la estadística quemada (de Auguste Claverie, gran teórico de las estadísticas), que nosotros ya cumplimos con nuestra estadística de avistamiento de víboras. Ahora podemos salir a correr en patas por los matorrales, que no nos puede pasar nada.

Como el clima estaba bastante cambiante decidimos dejar Florianópolis y salir hacia Joinville.

Joinville

Nuevamente el dedo nos dejó a pata. Intentamos salir por la rodovía (autopista), pero después de dos horas bajo el sol, sintíéndonos totalmente ignorados, nos fuimos a tomar un ómnibus. Hasta ahora, de los 1300 km en Brasil sólo pudimos hacer 243 a dedo. Ya habrá mejor suerte. Aunuqe los ómnibus salen un poco caro y se pierde un poco del espíritu viajero, también estamos disfrutando de subirnos en una terminal y saber que llegamos a destino sin problemas. El sistema de colectivos, tanto de larga distancia como locales, es de primera; salen a horario y son impecables. Algo que nos llamó la atención es que si el destino está dentro del mismo estado los costos son bastante más altos que si se cruza un límite estadual. Esto se debe a una cuestión impositiva dentro de cada estado. Así que hay familias que (haciendo un paralelismo con ciudades argentinas), si tuviesen que viajar de Buenos Aires a Bahía Blanca, harían escala en Santa Rosa, La Pampa.

En Joinville nos recibieron Cristian, Daniela y Víctor Hugo (el último de seis años). Estaban un poco asustados pues la última experiencia de Hospitality Club no había sido buena. Ella es profesora de inglés en dos escuelas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y él estaba a punto de entrar a trabajar a la municipalidad. Como se imaginarán Víctor Hugo trabajaba arduamente en su lugar de niño. Todos profundamente creyentes en la fe adventista.

En cuanto llegamos nos invitaron al próximo día a la escuela, para las clases de inglés y español, para que los alumnos tuvieran una clase diferente. Hablando en inglés y español les contamos de nosotros, de nuestro viaje y de las experiencias que estábamos teniendo (incluyendo esa misma visita a la escuela).

Aunque en un comienzo los alumnos siempre son tímidos, luego se sueltan y empiezan a hacer preguntas. Nos pusieron en el brete de preguntas muy interesantes como "qué se siente conocer otras culturas?". Sobre el final tuvimos la satisfacción de que una chica, muy entusiasmada, se acercara a decirnos que le había gustado mucho la charla y que le habían entrado terribles ganas de hacerse mochilera (una más!).

La experiencia en casa de Cristian y Daniela, más la ida a la escuela fueron oportunidades más que interesantes para conocer nuevos mundos, absolutamente desconocidos para nosotros. En nuestra ignorancia y prejuicio, colocábamos a todas las iglesias cristianas en la misma bolsa. Aprovechamos la ocasión para preguntar mucho y encontramos gente muy buena, practicante, sincera y humilde. En ningún momento pretendieron "vendernos" su credo y, de palabras de Cristian: "respetamos mucho las demás creencias o, como vos, a los no creyentes; yo tengo fe, no puedo tener la absoluta certeza de que no estoy errado".

Nos despidieron muy afectuosamente con una pequeña oración en la que pidieron por nuestro viaje y nuestra seguridad. Nos íbamos de otra ciudad con nuevos amigos, a los que esperamos recibir algún día en Mar del Plata.

Cuando nos íbamos acomodando en el ómnibus charlábamos de este tema, de cómo ellos habían cambiado nuestra forma de ver y diferenciar a cultos que en el fondo no conocíamos. Al acomodarnos, una anciana sentada junto a nosotros, que sostenía varios papelitos con la imagen de jesús, nos hizo algún comentario amistoso sobre el tamaño de nuestra mochila. Je je je ja ja ja... y acto seguido nos quiso entregar los afichitos con la imagen religiosa.
- Muito obrigado, mais não somos creyentes.
- E qué são vocés?! - preguntó la mujer totalmente desconcertada.
- Eu sou Agnóstico. - dije yo (Fabián).
- E isso qué é?! - preguntó la mujer aún más sorprendida.
- O que pesquisa e finalmente não acredita a esistenza o não esistenza de Deus.
- Mais isso é pecado!!!!! - los ojos como platos.
- Para vocé! - fue la sencilla respuesta.

A continuación la mujer nos dió la nuca, clavó la mirada en la ventana y no nos volvió a dirigir la palabra. Este fugaz suceso nos hizo reflexionar aún más sobre lo bien que nos hizo conocer a esta familia adventista.

Hay un proverbio árabe que conocí hace poco que dice que "quien no viaja no conoce el valor de los hombres". Cristian, Daniela y Víctor Hugo: muchas gracias por las enseñanzas.

"El viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras". (Mark Twain)

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Foto 1: el mercado público en Florianópolis.
Foto 2: con Charles, Talita y Felipe en Praia do Forte, Isla de Santa Catarina.
Foto 3: en la senda a Praia de Naufragado.
Foto 4: surfers y delfines.
Foto 5: Regi en Praia de Lagoinha de Leste.
Foto 6: almorzando con Víctor Hugo, Cristian y Daniela.
Foto 8: en la escuela adventista.
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