viernes, 26 de marzo de 2010

Paraty, la lluvia e Ilha Grande y el sol.

Paraty.

Tal como preveíamos, llegamos a Paraty y empezó a llover. Como salimos de São Paulo de noche llegamos de madrugada al pueblo, que era más grande de lo que esperábamos. En la terminal no había seguridad. Sin saber muy bien qué hacer nos encontramos a las cuatro de la mañana buscando camping. La búsqueda fue infructuosa y terminamos poniendo las bolsas bajo un techo de bar sobre la playa. A medida que pasaban las horas se iban notando los cambios de la fauna de noche hacia el día. Durante la noche, el pueblo sin ruido, sólo se escuchaban los chillidos de los murciélagos que se veían volando sobre el agua en busca de insectos. Ya amaneciendo aparecieron familias de jotes sobrevolando el cielo, y los pájaros comenzaron a cantar. Los perros se despertaron, como así también la gente (que nos echó de nuestra guarida).

Ya de día fue más fácil encontrar un camping que, aunque barato, fue una mala opción para los días de lluvia que tuvimos (el último día vimos llover con ganas durante seis horas seguidas).

Paraty es una de las ciudades coloniales que se conservan de manera impecable en Brasil. Su fundación es de 1667 y la arquitectura es típicamente portuguesa. Hoy día las casas están pintadas de blanco con las puertas y ventanas de colores. Las calles no son de adoquín, sino de piedra, lo que las hace dificil de caminar, pero le da un aspecto encantador. Como está prohibio andar en auto por el centro, la mayoría se maneja en bicicleta. Es un pueblo que, a lo largo de los años ha sido elegido por pintores, artesanos y otro artistas, lo que lo transfromó en un pueblo culturalmente rico. Esto nos permitió, el último día a la noche, después de la gran lluvia, disfrutar una sesión del Cinemaclub Paraty, donde muestran una película por semana y hacen un pequeño debate al final. Pudimos ver "Una noche en la ópera", con los hermanos Marx. Risas no faltaron.

Aunque no tien nada que ver con el hombre lobo, en luna llena el mar inunda Paraty. La conjunción del sol y la luna, como varios navegantes saben, hace que las mareas sean más amplias. Así es que las dos o tres cuadras del centro histórico más cercanas al mar se llenen de agua. Así que, sin previo aviso, uno puede quedar encerrado en una tienda o tener que salir a los saltos (en luna nueva pasa lo mismo).

Los restaurantes y bares del centro histórico se veían divinos desde afuera, todo cambiaba cuando nos acercábamos a la carta. Los precios, aunque no imposibles, son más elevados que en otros lados. Claro que estamos viajando en los últimos días de temporada, donde todo baja un teinta por ciento. Ténganlo en cuenta si viajan por Brasil.

El segundo día salió un rato el sol, lo que nos permitió ir a Praia de Sono. Para llegar tomamos un bus y luego hicimos una senda de una hora y media. Valió la pena, otra playa paradisíaca. Nos revolcamos en el mar con olas que rompían sobre la orilla, almorzamos y emprendimos el regreso cuand empezamos a ver los nubarrones que nos acompañarían durante toda la noche y todo el día siguiente. Fabi había hecho una tremenda zanja (cosa que sucede por primera vez en toda nuestra experiencia de acampamntes) lo que protegió nuestra casita de terminar hecha sopa. Hasta pudimos dormir y todo.

El último día fue de mal humor desde la mañana. Con lluvia y sin lugar para estar, más que un toldito feo donde pudimos desayunar. Cuando paró por un rato nos fuimos a internet y como no paraba de llover nos quedamos como seis horas haciendo cosas en la computadora. A esta altura, lo único lindo de la lluvia es que pare.

En Brasil la gente anda en bicicleta con paraguas.

El día de nuestra partida amaneció despejado, preanunciando lo que sería nuestra estadía en Ilha Grande.

Ilha Grande.

Del otro lado de la Bahía de Ilha Grande se encuentran Angra Dos Reis y la isla del mismo nombre que la bahía. La ruta bordea la bahía, es un paseo digno de ver. Nos llamaron la atención las instalaciones de la usina nuclear de Angra y los barrios cerrados de los trabajadores, que imaginamos provistos por la empresa, y que parecen salidos de la película "Casa de muñecas", de Nicole Kidman.

Angra Dos Reis es una ciudad más grande de lo que creíamos, y mucho menos linda de lo que nos contaron. Las casas se amontonan sin ton ni son y no es difícil comprender el deslizamiento que hubo a principios de año y que dejó como saldo 52 muertos. El hueco de barro y escombros que se ve entre las casas es el testimonio que quedó de la tragedia. En Brasil hay ciudades excelentemente planificadas como Curitiba, Brasilia o Palmas, pero el caos urbanístico es la regla. Sin darle mucha oportunidad a Angra nos fuimos al muelle a buscar el cruce a Ilha Grande.

En brasil hay que ser inteligente para que no te engañen con los precios. Los que te ofrecen el cruce en barco por 20 reales se miran como tontos cuando les preguntás por el ferry de seis con cincuenta (que nosotros ya sabíamos por internet) y encima te versean con que el ferry tarda como dos horas mientras ellos llegan en una hora (el ferry tardó también sólo una hora).

La isla parece la de Jurassic Park pero sin dinosaurios. Fuera de los pequeños poblados que hay en la costa, uno se encuentra en el medio de la jungla. Pudimos ver dos especies de monos, arañas bien grandes, una estrella de mar naranja, tortugas marinas, peces de colores y una serpiente de coral.

La primer parada fue en Abrão, el pueblo más importante de la isla (los otros no son más que caseríos en una playa paradisíaca). Abrão está armada para el turismo, desde que uno se baja del barco hasta que se vuelve a subir, uno recibe permanentemente ofertas de campings, posadas, restaurantes y paseos en barco. Todos, habitantes y turistas se mueven en barcos, lanchas o veleros o bien eligen los senderos en pie que unen las distintas playas. No hay autos.

El primer día fuimos a playa Iguaçú, queríamos ir a Saco do Céu (Saco del cielo), pero ese prometedor nombre quedaba a dos horas a pie. A mitad de caminos encontramos una playa que era todo lo que uno espera de este lugar: arena blanca, mar entre azul y verde, selva atrás nuestro, piedras bordeando la playa y pececitos de colores. Disfrutamso de una solitaria paz hasta que llegó un barco llamado "Aquaholic" cargado con una turba de yanquis e ingleseses en plena fiesta, daikiris en mano y música banana country a full. Las chichis bailaban en bikinis para su hombres (este tercer mundo es tan libidinoso!) y los hombres se dejaban caer del barco al agua. Esta invasión duró algo así como dos horas, por momentos la música fue pasable, pero agradecimos cuando se fueron y pudimos seguir disfrutando de la playa en paz.

A la noche nos encontramos con una familia francesa que conocimos en el ferry. Nos sentamos a tomar una cerveza en un barcito sobre la arena, con velitas en la mesa. Demás está decir que no corría una gota de viento. Disfrutamos la charla y el ambiente.

Al día siguiente nos fuimos a Palmas, una playa a una hora de lancha de Abrão. Fuimos al camping "El Paraíso", allí pasamo tres noches. El camping, de 15 reales por persona era un poco más caro que los otros, pero estaba mucho más lindo y ordenado. Nos llamó la atención como mucha gente tien un terreno, arma un baño y una cocina y pone un cartel de camping. No está mal, pero, en general, luego no lo mantienen agradable, sino que te dejan bolsas de basura tiradas, escombros en una esquina y otras tonterías como esa. Una pena, ya que las playas son encantadoras.

De los tres días sólo uno salimos de la zona del camping. Nos regalamos, creemos que por primera vez, días de pachorra. Metiéndonos al mar, leyendo mucho mirando el sol y las aguas, haciendo tortas fritas y no mucho más.

Uno de los días hicimos una caminata de una hora hasta la afamada playa Lopes Mendes, una de las diez playas desérticas más lindas de Brasil. El clima no ayudó mucho y no lo pudimos apreciar como lo hubiéramos querido. Pero no dejamos de disfrutarla.

Para volver a Abrão lo hicimos caminando, sin el peso de la comida en las mochilas no fue una caminata tan pesada. Fabi vió la segunda víbora del viaje. Esta vez una coral o falsa coral (no se distinguen de ninguna manera). La verdadera, si te pica, te mata, ya que su veneno es neurotóxico y muy fuerte. Era pequeña, 35 centímetros, y se hacía la muerta cuando pasamos por al lado. Fabi con una caña de dos metros, trató de espantarla para sacarla del camino. Así evitó que algún gil que hace los senderos en ojotas o directamente descalzos, le pusiera el pie encima.

Llegamos a Abrão nuevamente para esperar el ferry que nos lleve de vuelta al continente. Nos venimos a pasar la tarde a una playita. Mañana nos espera Río de Janeiro.

2 comentarios:

  1. As fotos nesta cidade ficaram muito lindas! Sensacional! Mandei fazer um quadro com a foto que tirei na Catedral da Sé. Vou dar de presente para a minha avó! Beijos

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  2. Lembramos essa foto, muito boa. Sempre é bom dar de presente uma produçao propria.

    Beijos para vocés.

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