lunes, 26 de abril de 2010

Belem, lejos del pesebre y El Amazonas.


Un camión nos levantó a sólo 300 kilómetros de Salvador y 1700 de Belem con la frase mágica "Eu vou a Belem do Pará". Nos acomodamos, hicimos turnos para dormir y en 36 horas completamos los 2050 kilómetros que separan las dos ciudades. Recorrimos cinco estados: Bahia, Pernambuco, Piauí, Maranhão y Pará. Nos perdimos de conocer cinco estados del nordeste: Sergipe, Alagoas, Paraíba, Río Grande do Norte y Ceará. Pero aún así pudimos tener una punta del sertão (desierto) nordestino. Desde la cabina del camión vimos paisajes comparables a las llanuras mendocinas o santiagueñas. Aquí el agua es un problema serio, en superficie escasea y la subterránea es muy profunda. Los paisanos, cuando entran al sertão a buscar ganado (medio cimarrón) visten y cubren a sus caballos con gruesos cueros para protegerlos de los cardos omnipresentes.

Los pueblos que jalonan la ruta federal BR-316 que une Salvador con Belem, dos de las más importantes ciudades del país, recién recibieron energía eléctrica hace diez años. El ganado suelto en el medio de la ruta es una postal que vimos unas diez veces. No en vano todo brasileño mira al nordeste como la región más desfavorecida del país.

Belém, Puerta del Amazonas.

Llegamos a Belém a las 12 de la noche y conseguimos que una combi nos deje en la puerta del hotel indicado en la guía de viaje. Barato, incluye cucarachas y ratas corriendo por el entretecho, aunque tenía ambiente de hostel y por dentro era limpio y presentable.

Belém nos dio la impresión de haber pasado de una sudamérica a otra. En la primera, sin dudas, hay pobreza y marginación, como en todo el tercer mundo. Pero la clase media constituye aún una parcela importante de la población. La mayoría de los servicios que el estado debe garantizar existen, mejor o peor. También existe la idea y posibilidad de progreso al amparo de (algo) de la ley. En la segunda mitad, el estado parece brillar por su ausencia. Los calles son cada vez más sucias, el hedor a orín se repite en las esquinas concurridas y la clase parece inexistente. Lo que podría ser un centro histórico de gran atractivo turística y cultural es un gran camelódromo (mercado callejero) descontrolado. El trabajo registrado parece un lujo de pocos.

Emocionados por estar a un paso del Amazonas, fuimos a buscar (e inevitablemente regatear) nuestro pasaje en barco a Santarem, 800 kilómetros río arriba. Hay una frase que ya se nos hizo muletilla a la hora de hacer dompras "Esta seguro que isse é o preço? Nos não somos europeus, somos argentinos". Descubierto nuestro acento sudaca todos los precios tienden a bajar. Luego de regatear y verificar la veracidad de nuestro vendedor callejero, compramos nuestros boletos. Regateamos tanto que después nos enteramos que lo sacamos mejor que lo que lo compran los locales. El regateo forzoso lleva a uno a perder la noción del verdadero valor de las cosas.

Pasaje en mano nos fuimos al puerto a conocer nuestro paquebote, el "Rodrigues Alves". Ya a cuatro o cinco cuadras del puerto (hay seis o siete pequeños puertos a la vera del río), las calles empezaron a ponerse fuleras. Llegamos al puerto, con olor a pescado y porquerías oxidadas aquí y allá. Al fondo, amarrado y descargando pasajeros, un barquito de unos treinta metros, sobrio, pero bien pintado y mantenido. "A ver el nombre..." estiramos la vista. "Almirante do Mar". Seguimos entrando al puerto.

A la izquierda, detrás de un galpón, empieza a aparecer un barco, gemelo al "Almirante", pero en otro estado. "Bola de óxido" le hubiera quedado corto. Pedazos de muebles asomaban fuera de los camarote. Faltaban pedazos de chapa en la cubierta. Unos obreros arrojaban objetos metálicos por ahí, como si ya no importara su destino. El relampagueo de una soldadora abrillantaba aún más al espectáculo de vidrios quebrados y puertas destrozadas. Bajo el puente empezamos a ver el nombre, de derecha a izquierda "Rodrigo Alves III".

Regi lanzó un suspiro con la voz casi quebrada "No...!". Fabi miró al cascajo reventado mientras, con una pelotita en el estómago, empezaba a imaginar la pelea que sería cambiar los pasajes. "Bon día!" Saludamos a los obreros. "Este é o Rodrigo Alvez que va pra Santarem?!" Viendo nuestra cara de turista embaucado los obreros rieron "Não! Isse vein ás quatro da tarde!". Suspiramos con más alivio aún cuando nos confirmaron que estaba en las mismas condiciones que el "Almirante".

Brasil Potencia.

Como muchos dicen Brasil es un país de grandes contradicciones (aunque Argentina no se quede muy atrás en ese campo). Por un lado la pobreza y la miseria en las grandes ciudades es brutal. En el interior las poblaciones tradicionales, si bien no son miserables, viven en condiciones precarias. El noreste es una tierra carente de oportunidades. El veinte porciento de la población brasileña tiene que recibir el plan "Bolsa Familia" para poder comer (entre 70 y 180 reales, según la cantidad de hijos, a cambio de estudio y vacunas para los hijos).

Por otro lado, se vislumbra un país sumamente inteligente, que planifica siempre su futuro a largo plazo. La universidad pública es de excelente nivel. Las obras públicas son planificadas y ejecutadas oportunamente. Las empresas estatales no fueron regaladas, pagan buenos sueldos y son el piso de servicio que las privadas deben cumplir. Petrobrás es un monstruo. Recientemente se descubrió petróleo en el pre-sal, que es una capa más profunda, y que podrías, al menos, duplicar la producción petrolífera brasileña. Sin demora, el gobierno lanzó planes que incluyen la creación y ampliación de los laboratorios de investigación, lanzamiento de cursos y becas para cubrir la necesidad de técnicos y profesionales que sin duda habrá en el futuro. Se proponen lanzar cohetes al espacio y construir su propio submarino nuclear.

Cuando Bramha compró Quilmes (y recientemente compró Budweiser, los yanquis se quieren matar) algunos argentinos, en típico menosprecio de lo propio, dijeron: mirá los brazucas, esos sí que saben lo que hacen.

Un enlace con lo local.

Belém  y Manaos fueron dos ciudades estrella a principios del siglo XX. Un cartel en el museo del tranvía cuenta de la "edad de oro" en la que el caucho enriqueció a la región. Se instalaron tranvías amercianos, iluminación alemana y alcantarillado inglés. "París N´America" es la "Gath & Chaves" de Belem, tienda de ropas al estilo europeo que testimonia el oro que fluyó por el Amazonas durante treinta años. Pero ese gran progreso dejó oculto la horrorosa situación del interior del Amazonas.

Allí, inmigrantes engañados, negros desesperados e indios capturados fueron sometidos por decenas de miles a la más lisa y llana esclavitud. A latigazos, asesinatos y torturas, los "seringueiros" eran forzados a trabajar bajo la vigilancia armada de matones a sueldo. Miles murieron de malaria, fiebre amarilla o asesinados tendiendo las vías del ferrocarril Madeira-Mamoré, que sortería un sector amazónico innavegable.

Esto fue sólo replicar el esquema de "reducción de costos" de la época de oro del Azúcar y de la época de oro del café. La mano de obra esclava que fue legal hasta 1888.

Volviendo a Brasil Potencia.

En Brasil el costo de vida, en valor real, es mayor que en Argentina. Sin embargo, el sueldo mínimo es aún menor que en nuestro país.

Cuando Bramha compra Quilmes lo hace por saber competir? O es porque el estado le permite encarar un mejor esquema de "reducción de costos".

El camionero que nos llevó a Belem manejó desde las 8 de la mañana del sábado hasta la una de la mañana del lunes, durmiendo sólo una hora. Su "récord" eran tres días sin  pegar un ojo. Se drogan para seguir. Su compañero llevaba 54 días sin pisar su casa. Aún le quedaban diez días para volver, descansar dos días y volver a salir. A la empresa le va bárbaro.

Brasil potencia no lo sería tanto sin la explotación de los trabajadores.

Hacia Santarem.

Salimos finalmente en nuestro navío "Rodrigo Alvez", hacia Santarem, hacia el Amazonas. Tuvimos que estar a la una de la tarde, aunque comenzáramos nuestra aventura a las seis. Si uno no coloca su hamaca con tiempo puede terminar teniendo que ponerla en un lugar molesto, como cerca de los baños o de las máquinas del barco, imposibilitando el sueño.

Teníamos dos días enteros y tres noches por delante sobre el navío para llegar al destino. Los secretos del amazonas estaban delante nuestro. La posibilidad de ver algún animal, como yacarés, anacondas gigantes o hasta tribus de nativos tirándonos flechas. Nada de esto sucedió. Pero está bueno sentir que nos introducíamos a un libro de aventuras. "El navío se para, una anaconda gigante se sube por la borda y ataca a tu compañero, qué hacés? A: saltás al agua. B: atacás a la anaconda. C: te servís un té y esperás que todo pase."

El viaje estuvo cómodo, éramos más de cien personas durmiendo en hamacas, compartiendo espacio, comidas, ruidos, baños. Podría haber sido un infierno, pero la gente era muy respetuosa con el otro. A la noche se podía dormir sin problemas. Todo estaba siempre bastante limpio, y, en general, el viaje fue mejor de lo que pensamos que iba a ser. Pudimos leer, hablar con algunas personas, descansar de las corridas en las ciudades. La mejor hora era la noche. Cuando, con una cervezita, nos íbamos a la proa del barco a hablar y mirar las estrellas y la luna iluminando el río, la selva y alguna canoa tardía que volvía a su casa.

Fabián se sorpendía al comparar el Amazonas con el Paraná. Aquí, a 500 km de la desembocadura casi no se distingue una orilla desde la otra. Rosario queda a sólo 400 kilómetros del Río de la Plata y se lo cruza en sólo minutos. Entre la temporada de lluvia y la seca puede haber hasta 14 metros de diferencia en la altura del río, ahora estamos en la época de lluvias.

De día se podían ver pueblos en medio de la nada, construídos sobre el agua, bien altas, para que cuando el río sube no los inunde. Los más pequeños salían corriendo, se subían a las canoas y se aproximaban en cuanto veían venir el barco. Algunos gritaban para llamar la atención y con sus manitos pedían que se les tire algo. La tarde del primer día vimos como tres niños de entre cuatro y diez años en una canoa, y dos mujeres adolescentes en otra, se enganchaban con las canoas al barco en movimiento (que no bajaba velocidad para hacerla más fácil) y con una maniobra digna de piratas caribeños, se subían a vender camarones. Al terminar, uno de ellos soltaba la canoa y, ante nuestros ojos atónitos, se arrojaban a la inmensidad del Amazonas desde la borda y volvían a la canoa a nado. Nos sorprende la libertad con la que viven los niños aquí (y las cosas que tienen que hacer).

Una de las noches comimos la comida ofrecida por el barco, comida popular brasilera. Por cinco reales llenaban tu plato de arroz con frijoles, fideos, puré, carne y farofa. Y todo iba a la misma barriga. Regi, con su meticulosidad, intentó separar fideos de arroz, pero no fue posible.

A la tercer mañana visualizamos Santarem de lejos. Que parecía prometedora. Pero cuando bajamos descubrimos otra ciudad, al estilo barrio once ampliado. No nos gustó, así que después de un sandwich bajo la sombra, nos tomamos el ómnibus a Alter do Chão.

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Foto 1: La ruta hacia Belem.
Foto 2: La plaza del puerto, en Belem.
Foto 3: El mercado Ver-o-peso, de frutas, verduras y mil cosas más.
Foto 4: Otra plaza del centro.
Foto 5: El "Rodrígues Alves" cargando y descargando en un puerto del Amazonas.
Foto 6: Gente durmiendo en las calles de Belém.
Foto 7: Paris N´America.
Foto 8: Cubierta de pasajeros del "Rodrigues Alves"
Foto 9: Canoas bajo la banda de nuestro barco.
Foto 10: La escuela.
Foto 11: Vendedores de camarones.
Foto 12: el nuevo amor de Regi.

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2 comentarios:

  1. Manaus ya fue la ciudad economicamente mas importante del país, como lo es hoy São Paulo. La primera agencia de Banco do Brasil fue en Rio de Janeiro. La segunda, en Manaus.

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  2. Olá, amigos!
    Os contrastes são realmente enormes no Brasil. Imagino que agora vão ver coisas muito tristes, pois estão na região mais esquecida do Brasil, o Norte. Espero que tenham muita sorte nesta "outra América do Sul". Boa viagem!
    Saludos
    Ps: as fotos seguem muito lindas.

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