lunes, 24 de mayo de 2010

Mérida y Jají.

Para llegar a Mérida desde Caracas cometimos un error que terminó pagando muy bien. Tomamos el SITSSA socialista hacia Valera, pensando que de ahí a Mérida serían sólo dos horas más de viaje y que saldrían muchos servicios. Pero descubrimos que eran cinco horas de viaje y que sólo había un servicio. Claro, para llegar de ahí a Mérida había que cruzar montañas de hasta 2500 metros de altura por un camino de cornisa espectacular. El directo Caracas - Mérida toma una ruta diferente.

Mérida.

Ya en Mérida, César, nuestro contacto CS nos pasó a buscar por la terminal y nos presentó a Candi, su novia. Él es estudiante de historia del arte y vicepresidente de un centro de estudiantes opositor a Chávez, el Movimiento 13 de Marzo. Ella es maestra de preescolar y primer grado. Aquí ellos nos contaron, de primera mano, las historias que no aparecen ni en Telesur ni en ningún otro medio que apoye a este gobierno.

César nos habló de manifestaciones estudiantiles reprimidas a palos, balas de goma y perdigonazos de plomo (que él aún lleva bajo su cuero cabelludo). Nos habló de listas negras que impiden a trabajar en el estado o sus empresas. Él firmó hace varios años los dos pedidos de plebiscito revocatorio de mandato contra Chávez, y se encontró impedido de ingresar a PDVSA. Nos habló de enfrentamientos armados y amenazas de muerte desde la facción universitaria chavista. Nos habló de cómo las misiones no trabajan como se dice (desde su punto de vista). Las misiones son una serie de planes lanzados por el gobierno para mejorar salud, educación, sacar gente de la calle, etc. Según César lo ve, muchos estudiantes reciben becas pero no van a estudiar. Por otro lado, Candi, que no pudo ingresar por el examen de admisión a la Universidad del estado, tuvo que ir a la Universidad Católica a una carrera de 5 años. Ella nos cuenta que, de su curso, niguna docente recibida está trabajando para el estado, ya que se le da prioridad a la gente que sale de las misiones, aunque están tengan sólo dos años de estudio y una preparación menos profesional. Nos cuenta que aquí, trabajar para el sector privado en educación (como es su caso) significa no tener aportes jubilatorios ni obra social... y ni hablar del sueldo: ella, por 30 horas por semana frente a un curso gana un sueldo mínimo venezolano (1100 bolívares, iguales a 600 pesos argentinos). Se imaginarán la indignación de Regi.

Otro punto de vista de Venezuela, en primera persona.

Mérida nos gustó mucho. Es una ciudad tranquila y limpia enmarcada por montañas. Se la siente diferente al resto de Venezuela por varias razones. Su origen está ligado más a Colombia que el resto del país, además de ser una ciudad andina y no caribeña. Sumado a ello, la presencia de 60.000 estudiantes en la Universidad de Los Andes cambian la dinámica de cualquier ciudad. La gente es menos gritona, pero, a la vez, la sentimos un poco más fría.

Quisimos subir al teleférico más alto y más largo del mundo, que va de 1500 a 4000 metros a lo largo de 12 kilómetros de cables. Pero esta roto hace tres años.

Después de dos días en Mérida nos fuimos a Jají, un pueblo en el medio de la montaña.

Jají.


Este pueblo fue restaruado en los años 60 para conservar el exacto paisaje de un pueblo colonial de montaña. Para que se den una idea, es muy parecido a un pueblo de la Puna argentina, pero con el marco natural de los bosques patagónicos. Nuestra habitación tenía un balconcito que daba a la plaza principal, desde donde todas las mañanas, mientras desayunábamos, podíamos ver las montañas que rodeaban al pueblo. Allí pasamos tres noches. De día caminábamos, leíamos, jugábamos cartas, en fin, descansábamos.

Un viernes salimos a hacer un paseo. Nos fuimos caminando por la ruta que, serpenteando la montaña por caminos de cornisa, nos mostraba unos paisajes hermosos. En un cruce de caminos, mientras descansábamos, vimos pasar un camión militar. En la caja cargaban colchones y, a remolque, llevaban una cocina de campaña. Caminamos montaña arriba por la ruta. Hasta que, cansados, empezamos a hacer dedo. Nos levantó un camión y, en la caja, disfrutando del paisaje, recorrimos el camino hacia La Carbonera, un paraje en el camino. Llegando al lugar empezamos a ver montones de camionetas a la vera de la ruta. Un poco más allá, la explicación: la iglesia, llena de feligreses, en misa de mediodía. A medio kilómetro vimos soldados. Con sus fusiles al pecho montaban guardia a la entrada de una finca. Otros estaban trabajando en la casa principal. Imaginamos que de allí partirían a hacer ejercicios en la montaña.

La finca era La Carbonera. Y la camioneta nos dejó allí. Agradecimos el paseo y empezamos a caminar de vuelta. Al costado de la ruta, en el umbral de una casita dentro de un campo, un grupo de obreros y obreras descanas, como esperando algo. Algunas camisas rojas y gorritos socialistas. Uno de ellos cantaba para su compañeros una melodía que sonaba a esas canciones republicanas de los soldados de la guerra civil española. Su estribillo decía: "Oligarcas temblad, viva la libertad!". A Fabi se le antojó un estribillo pegadizo. Pasamos por la iglesia, llena hasta la puerta. Alguna camisa roja por ahí. Seguimos caminando, hicimos dedo y nos levantaron. Una mujer al volante de la cuatro por cuatro, utilitaria, bien de campo, seminueva. Preguntamos por los soldados. La finca La Carbonera acababa de ser expropiada. En la iglesia no había ninguna misa. El mismísimo viceministro del Ministerio del Poder Popular (así se llaman todos los ministerios de la nación) para la Agricultura y Tierras estaba allí reunido con los vecinos explicando la expropiación y lso proyectos que allí se desarrollarían.

Más tarde, al bajar de la camioneta, ya unos cuántos kilómetros alejados de La Carbonera, nos lamentamos nuestra poca perspicacia para concatenar la "misa" llena un viernes al mediodía, los colchones para los soldados en la finca y el "Oligarcas temblad, viva la libertad!". Nos perdimos entrar a la iglesia y presenciar con nuestros propios ojos la reunión. Ya estábamos demasiado lejos para volver y la reunión estaría terminando.

Nuestras anfitrionas estaban escandalizadas con la expropiación. Empezamos a preguntar. nos empezaron a dar una serie de explicaciones apresuradas, mal entrelazadas entre sí por la indignación que tenían ante el hecho. Una de las mujeres era propietaria de un tambo, heredado de la familia, la otra mujer, no sabemos. Entre las explicaciones manifestaron su propio miedo ante las expropiaciones porque "nosotros somos pobres" según la acompañante. Entre nosotros luego coincidiríamos que, aunque no parecían "oligarcas" ni por asomo, nos chocó el uso de la palabra "pobres" en gentes que distaban de pasar necesidades. Preguntamos sin tirar demasiado de la cuerda ante algunas cosas que no terminábamos de comprender. Nos quedó claro lo siguiente. La propiedad había sido comprada y vendida recientemente al menos en dos ocasiones. El dueño de toda la vida la había trabajado muy bien y era apreciado en la región. El último dueño (reciente) no había inversiones en la finca aún (270 hectáreas), razón por la cual habría sido expropiado. Según alegaba, tenía un préstamo de un millón de bolívares (600.000 AR$) de la compra, que no podía pagar porque la expropiación de otra propiedad lo había puesto en aprietos. Ante la consulta de los vecinos al viceministro sobre si iban a indemnizar al dueño, este respondió que el último debía demostrar primero la posesión legal de las tierras. Nuestras anfitrionas daban por descontado que nunca lo indemnizarían porque "nunca indemnizaron ninguna expropiación". Preguntamos que opinaban los vecinos, si planteaban algún reclamo por sus temores. "No, aquí ya nadie opina". Insistimos con el por qué, si viene el mismísimo viceministro, es la oportunidad para levantar la voz. "Es que hay algunos que creen que se van a beneficiar con la expropiación". La respuesta nos dejó medio confundidos,, sin entender si los vecinos tenían miedo o estaban confabulando entre ellos. Nos quedó claro una cosa. Fundamentaron su temor a las expropiaciones por la imposibilidad de vender unas tierras de uno de sus hermanos, puesto que no había compradores a precio justo (por las expropiaciones).

Nos dejaron en un almacén de ramos generales donde hicimos una merienda. Los parroquianos también charlaban entre ellos sobre las expropiaciones. Al rato pasó otra vez la tambera y nos llevó de vuelta a Jají.

El día que nos fuimos de Jají partimos a la tardecita para tomar el ómnibus de Mérida a Maracaibo. Pero nos encontramos sin pasajes... mala suerte. Mañana salimos para allá.

Cuatro meses.

Después de cuatro meses de viaje, debemos aceptar por primera vez que estamos un poco cansados. Lo que es una gran aventura, por momentos se hace rutina. Buscar ómnibus, llegar, conseguir hotel, museos, paseos, charlas a veces repetitivas, rearmar mochila y volver a empezar. Además de estas sensaciones, nos hace feliz sentir que lo que nos espera en Mar del Plata nos motiva a tener ganas de volver. Tenemos proyectos tanto personales como de pareja y empezamos a comprender que algunas prioridades van transformándose, como ser las ideas de nuevos trabajos y la futura vida de familia que queremos tener. La cosa es que, para tener un norte a la vista, nos hicimos un derrotero. Así que empiezen a preparar las fiestas, que volvemos con fecha más o menos fija. El fin de semana del 10 de julio estamos en Mar del Plata, previo paso por Rosario, Buenos Aires y Bahía Blanca. Así que... allá vamos, Argentina.

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Foto 1: Plaza Sucre, cerca del centro de Mérida.
Foto 2: Denuncia en las paredes de la Universidad de los Andes.
Foto 3: Con César, en el parque del Teleférico de Mérida.
Foto 4: El teleférico, parado.
Foto 5: La iglesia de Jají.
Foto 6: Regi desayunando en nuestro balcón de primera.
Foto 7 y 8: Paseando por los alrededores de Jají.
Foto 9: Jají desde lejos.
Foto 10: La leche, esperando un camión.
Foto 11:  descansando en Jají.

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1 comentario:

  1. Uy ya creo que vamos a tener que charlotear muchooo!
    Ya instalados en la nueva casa, solo faltan ustedes para poner las brasitas en la parrilla.
    Los esperamos!

    PD: si siguen en Maracaibo contacten a Nirkarla Ruiz, ella nos hospedó por Couch y es muy buena gente. Esta en mi perfil.

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