domingo, 18 de julio de 2010

Demorado final de viaje!

Finalmente llegamos a casa.

Disculpen la demora en cerrar este relato, pero al conectarnos de nuevo a nuestra ciudad y a nuestra rutina nos desconectamos en cierta forma del viaje. Perdimos el hilo y las energías para repensar la última parte del viaje y plasmarla en este blog.

Así que aquí vamos, el cierre.


Lima.

En Lima tuvimos el primer adelanto de nuestro regreso a Argentina. Viqui y Martín nos recibieron muy cariñosamente. Hablar en español con acento argento en casa de amigos, mate amargo de por medio, fue como sentirse pisando tierra de gauchos otra vez. Llegamos y lo primero que Regi quiso hacer fue conocer a Francisco, el bebé de Viqui. Sin palabras, una hermosura, tranquilo y simpático. Verla a Viqui como mamá fue bárbaro, hacemuy bien su trabajo, cosa que debe ser difícil siendo el primer hijo. En este viaje hablamos mucho del momento en que decidamos tener hijos y, de alguna manera, sentimos por momentos que ese momento está cada vez más cerca: no ya, tenemos aún muchos proyectos personales que cumplir. Pero sí lo empezamos a ver como un futuro que nos va a hacer feliz.

Volviendo a Lima, Viqui y Martín nos hicieron probar comidas típicas peruanas y nos llevaron a hacer algunos paseos. A decir verdad, no andábamos ya con muchas ganas de conocer, así que hicimos sólo un poco por los alrededores del barrio. Teníamos más ganas de quedarnos en casa tomando mates y charlando de la vida. Hay que decir que la comida que nos hicieron probar fue lo mejor que probamos en muchos años: causas y tequeños, una delicia. El lugar donde nos llevó Viqui era muy muy bueno, pero vale aclarar: que te lleve un argentino significa que te guía el gusto culinario propio; sabe lo que nos va a gustar. Fue increíblemente delicioso. Según nos dijeron, la cocina peruana ha mezclado sabores nativos, europeos y asiáticos. A su vez Viqui nos deleitó con su propia cocina... dice haber empezado a cocinar recién ahora, sea como sea lo hace muy bien. Preparó una tarta, pescado y pizzas caseras. Nosotros cocinamos ñoquis caseros y tortas fritas el día del partido del mundial Argentina-Nigeria. Era todo un desfío, tanto Viqui como Martín han vivido en el campo (él usa alpargatas de suela de yute, no de goma) y no se podía defraudar. Hechas en grasa de cerdo y todo, las tortas fritas estuvieron a la altura de los anfitriones.

Lima es una ciudad en el medio de un desierto que cae a la costa del Pacífico. No la imaginábamos así, realmente. Resulta un lugar bastante opaco en invierno ya que prácticamente no se ve el sol. El cielo está tapado constantemente por una capa de nubes grises. Sólo dan ganas de comer y dormir.

Después del partido, y con la alegría de la victoria, Viqui, Martín y Fran nos llevaron a conocer "Polvos Azules", una mercado "de todo un poco", donde Fabi compró algo de abrigo, sabiendo que del nivel del mar nos íbamos a 3000 metros de altura en Copacabana, y cada vez más al invierno del sur. El frío sería bravo.

Nos dejaron en la terminal, nos despedimos con gran alegría y con esperanza de que las próximas pizzas sean cocinadas por nosotros, pero en Argentina.

El final.

Lima - Puno tomó alrededor de veinte horas. Nosotros ya estábamos con la idea de estar varios días viajando casi sin parar, así que lo tomamos con muchas paciencia y tranquilidad. Al otro día de salir de Lima sólo pudimos llegar a Yunguyo, último pueblo peruano antes de cruzar a Bolivia. Allí conocimos a una pareja finlandesa con quienes terminamos cenando. Ellos estaban de voluntarios trabajando para un proyecto por el que estaban instalando notebooks en escuelas públicas.

Al otro día cruzamos nuestra última frontera antes de llegar a Argentina. Aquí ya estábamos muy tranquilos. Creemos que el espíritu de calma que tienen lso andinos se nso pegó por ósmosis. Los paisajes verdes, marrones y amarillos dándole el marco al azul del Lago Titicaca también ayudaron a calmar nuestras ansisas de llegar. Nos dieron ganas de quedarnos un día en Copacabana, comimos truchas frente al lago, caminamos y e hicimos algunas compras.

Al otro día ya era el final del viaje. Pasamos por La Paz, donde recorrimos algunos mercados, y a las seis de la tarde nos subimos aun ómnibus para terminar la gran aventura, a los dos días en Buenos Aires. Y zás! sin darnos cuenta se pasaron 141 días de viaje; ya estamos de vuelta en casa.

Extrañamos mucho Argentina, realmente. Por momentos nos agarraban esas nostalgias tontas por el asado, (que en realidad comemos dos veces al año), por el tango (de golpe tuvimos unas ganas locas de bailarlo), por los alfajores Jorgelín, por las pepas... una cosa de locos. Cosas que tenemos todos los días y que, sin saberlo y a veces sin quererlo, son parte de nuestras vidas: todas tonterías, pero bueno, esa nostalgia idiota la tiene cualquiera, ¡basta! no se rían de nosotros.

Pisamos nuestro país con gran alegría, mirando para atrás y viendo lo mucho que vivimos y aprendimos. Y también mirando para adelante, pispeando una nueva vida para nosotros. Estamos felices y más enamorados que nunca. Esto fueron 141 días pasando 24 horas juntos día a día. Una prueba de fuego... la pasamos y fue más fácil de lo que pensamos.

Primeros pasos en Argentina, Últimos pasos del viaje.

Normalmente, todos llegamos de un viaje, visitamos a nuestra familia, mostramos fotos y nos abocamos a nuestras vidas "normales" otra vez.

Nosotros teníamos, desde hace un buen rato, otra idea.

Queríamos cerrar nuestro viaje incluyendo a dos parejas de viajeros muy amigas nuestras: Fernando y Virginia, en San Nicolás, y Agustín y Victoria, en Bahía Blanca. Nuestras amistades nacieron todas en Autostop Argentina y, tanto viajando como organizando esa comunidad de viajeros, poco a poco, esa cercanía viajera se fue transformando en una fortísima amistad. Hoy, cada vez que uno de nosotros sale de viaje los demás estamos pendientes de su camino. Así fue en este recorrido.

Fer y Vir salieron en un itinerario muy parecido al nuestro, pero inverso. Mientras nosotros recorríamos Brasil, ellos nos íban adelantando información de los Andes. Nuestros caminos no pudieron cruzarse por muy poco, ellos pasaron por Manaos hacia Bolivia cuando nosotros recién estábamos llegando a Belén.

Viqui y Agus ya habían hecho su periplo sudamericano y a principios de año hicieron un recorrido por Bolivia.

Quisimos terminar este viaje pasando por sus casas, para poder compartir nuestras visiones, repensar lo vivido y sobre todo, dedicarle una parte de nuestro viaje a estas grandes amistades. Aún cuando eso nos tomara dar una vuelta entera a la Provincia de Buenos Aires cuando estábamos ya tan cerca de casa.

La primer parada, sin embargo, fue la Ciudad de Buenos Aires.

Allí visitamos a los papás de Fabi y algunos otros amigos y familia. Comprendimos lo difícil de hacer un resumen de fotos. De las 2000 fotos que sacamos, no pudimos resumirla en menos que "apenas" 500 fotos. Con la mejor de las voluntades, no se demora menos de una hora en pasarlas todas, en lo que puede ser un terrible gomazo para alguien que no es uno mismo. Igual las fotos están buenas, pueden verlo en album.

De allí, y una vez resueltas algunas cuestiones burocráticas que nos esperaban en la ciudad, partimos para San Nicolás.

Fer y Vir nos recibieron en su flamante casa, a la que se acababan de mudar. Con su propio viaje muy fresco en la memoria, charlamos sin parar durante horas. Compartimos visiones sobre las culturas caribeña y andina, las comidas peruanas, la visión general sobre sudamérica. Sobre como se siente un argentino en el resto del continente, con qué partes nos sentimos más identificados y con cuáles más lejanos, lo bien queridos que nos sentimos en esos países, lo cansador que es un viaje, las últimas partes de nuestros viajes, que fueron más una corrida para regresar que un recorrido bien hecho, etc. En fin, fue una hermosa y bien sentida oportunidad para revivir nuestro gran viaje sudamericano.

Luego cruzamos la provincia de punta a punta y recalamos en Bahía Blanca, última parada en sí de nuestro viaje. Viqui y Agus habían hecho su viaje, desde Argentina, por Bolivia hasta Venezuela y Cuba, hace ya tres años. La oportunidad (y otras tantas horas de charla ininterrumpida) fue para apreciar cambios y diferencias en nuestras visiones con tres años de diferencia.

A ambas parejas hacía más de un año que no las veíamos. Fue la manera ideal de cerrar nuestro viaje y, a la vez, regar ese árbol tan sentido que es la amistad.

Finalmente, llegamos a Mar del Plata, donde nos recibió la familia de Regi y mostramos nuevamente fotos y relatos.

El lunes 28 de junio, 5 meses luego de partir, estábamos de vuelta en nuestro hogar.


Ahora viene el momento de ordenar las fotos y los recuerdos. De sacarle el polvo de los Andes a las mochilas, momento de agradecer a cada una de las personas que nos cruzamos en el camino, momento de sentarse y pensar. ¿Y ahora, qué?

Ya vendrán nuevos viajes, más cortos tal vez, pero siempre con el mismo espíritu de conocer y entender el mundo "patas para arriba" en el que vivimos. Y con las ganas de cambiar algo, aunque sea mínimo.

¡¡Gracias a todos y hasta la próxima!!

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Foto 1: Mate, tortas fritas y alpargatas, en casa argentina en Lima.
Foto 2: En casa de Viqui y Martín, listos para ver el mundial.
Foto 3: Regi a la vera del Titicaca.
Foto 4: Copacabana desde el Cerro.
Foto 5: Fabi y el Titicaca.
Foto 6: con la familia de Fabi, en Buenos Aires.
Foto 7: Fer y Vir, nuestros amigos nicoleños.
Foto 8: Con Agus y Viqui, en el Puerto de Bahía Blanca.
Foto 9: Regi con mamá y papá.

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