martes, 22 de marzo de 2011

Retomando la escritura....LLegada a Santa Fe




26 de Febrero de 2011, Santa Fe

En homenaje a nuestro querido Hernán


Después de mucho tiempo retomo este blog…por momentos escribiré yo, por momentos escribirá Fabi, según sean las ganas y las necesidades de contar de cada uno.
Estamos los dos pasando por aventuras diferentes, en lugares alejados, que aunque no son un viaje exactamente, no dejan de ser un camino recorrido…y que en algún momento nos va a volver a unir. El en Brasil trabajando, yo en Santa Fe buscando trabajo, el viviendo en un barco, yo en una quinta con pileta, el acompañado de sus colegas, yo de mi perra…

La decisión de este cambio de ciudad, de Mar del Plata a Santa Fe se tomó en Septiembre cuando finalmente decidí que la escuela de cine donde quería estudiar estaba en esta ciudad. Escuela pública, sin exámen de ingreso, con buena reputación en una ciudad que nos gustó muchísimo cuando la conocimos. Digamos que mejor imposible…pero el camino hasta ahora no ha sido tan fácil.

En Noviembre Fabi consigue trabajo en Brasil por medio de su sindicato, todo genial hasta que a su sindicato se le ocurre que Fabi no volvía a trabajar por medio de ellos por un tiempo largo….de esto nos enteramos un 22 de Diciembre…

Yo, con mi conocido pensamiento trágico reaccioné con la siguiente frase: “No nos vamos nada a Santa Fe entonces, no vamos a poder afrontar todo el cambio estando los dos desempleados, nunca más vas a poder trabajar, AHHHHHHHHHH!!!!, etc, etc, etc” y Fabi: “Regi, no te preocupes, todo va a estar bien…vas a ver que vamos a poder, yo a Santa Fe me voy como sea, si querés seguime, etc, etc, etc”. Hay cosas que nunca cambian.

Fabi volvió a conseguir trabajo tal como él lo había previsto…a mitades de enero estaba tomándose un vuelo a Río de Janeiro para cerrar trato con una empresa Noruega. Listo, ahora a conseguir casa en Santa Fe, organizar y pintar el departamento en Mar del Plata, tratar de venderlo, hacer la mudanza, arreglar el auto para viajar tranquila, conseguir trabajo en Santa Fe…y bueno como Fabi estaba en Brasil no me quedó otra que hacerlo todo solita. Hoy estoy feliz de haber logrado todo esto y estar escribiendo desde nuestra nueva casita de caperucita roja, pero el camino, repito, no fue fácil. Y el protagonista de este camino sinuoso fue nuestro querido R9 modelo 95, que para los conocidos se llama Hernan (R: Her, 9: nine).

El primer viaje para empezar a mudarme a la nueva ciudad lo hice con la compañía de mi mama, que se la bancó y se vino hasta Santa Fe para ayudar a establecerme en la nueva casa que también me ayudó a conseguir por Internet. Realmente la casita que conseguimos es más de lo que esperábamos, no muy grande pero super confortable y con pileta, queda a 13 km de la ciudad, en un barrio que se llama Villa California.

Los primeros días me sentí medio rara con los tiempos, ya que todo es diferente a vivir a 10 minutos caminando del centro de Mar del Plata. Todo hay que organizarlo acá para que no se pasen las fechas de pagos, para no quedarse sin leche a último momento, para llevar a la perra a la veterinaria. Pero por otro lado me levanto con el cantar de los pájaros, hay una paz inimaginable, estoy en constante contacto con el verde de los árboles y el pasto lo que me da más ganas de levantarme temprano y a provechar las primeras horas del día con una temperatura ideal, acá me dan ganas de comer mejor, más frutas y verduras, puedo tener plantas sin que se mueran, America corre todo el día y juega con los perros vecinos. Esta es la vida que me gusta. El primer día que estuve con mi mama acá tuve que ir toda la mañana a Santa Fe a hacer varias cosas…no se imaginan el placer de volver a mi casa rodeada de árboles y de tranquilidad!

Lo malo: probablemente no pueda tener Internet en todo el año, lo bueno: al no tener Internet estoy haciendo cosas que hacía mucho no hacía, como por ejemplo escribir.

Volviendo a las aventuras de nuestro querido Hernan. El viaje con mi mamá fue bueno hasta Buenos Aires. Ahí me quedé por primera vez con el auto sin arrancar. Después de que varios taxistas/ingenieros se acercaron a darme una mano, se decidió llevar el auto al taller de la esquina. Lo vinieron a buscar y lo empujaron. Diagnóstico: Está quemada la bobina, hay que cambiarla, arreglo= 300 pesos. Yo no hacía más que llorar y gritarle a América que se quedara quieta. Imaginen el cuadro. Los nervios me comían viva. Mientras, mamá le contestaba las preguntas de vieja chusma que el tallerista le hacía: “¿Qué pasó? ¿Su hija se acaba de separar?”. Finalmente cambian la bobina…pero el auto seguía sin arrancar. Parece que Juan, el hombre que había ensamblado el panel del auto una semana antes, no había tenido en cuenta la forma de volver a colocar los cables de manera tal que cada vez que yo doblara con el volante no rompiera algún cable. Fue un pequeño detalle que hizo que poco a poco fuera rompiendo todo. Llegamos a Santa Fe sin guiño y sin baliza, y ya en Santa Fe rompí el cable de la luz de frente. Al no poder andar más con el auto así decidimos llevarlo a un electricista que me recomendaron. Diagnóstico: “¡qué desastre te hicieron con los cables mujer!”. Resultado: una bolsa de supermercado repleta de cables inservibles que sacaron de abajo del volante. Dinero gastado= 170 pesos. Dinero recuperado después de una charla un tanto fuerte con Juan de Mar del Plata = 500 pesos.

La vuelta a Mar del Plata fue sin problemas. Cuando llegué a Mar del Plata tanto mis amigas como mi familia quisieron despedirme. Realmente ahí caí de la decisión que habíamos tomado. Finalmente por decisión propia (y no por decisión de la Armada Argentina) nos mudábamos de Mar del Plata. Pasé muy bueno años en esa ciudad pero ya se cumplió su ciclo. Mi infancia y mi adolescencia en el departamento de Garay han sido muy buenas. Mis salidas los domingos al cine de Belgrano para ver alguna película de Disney con mi viejo. Las caminatas con mi mamá hasta la Escuela nº 31 con preguntas de índole filosófico al estilo “ Mamá, ¿te parece que después de la escuela puedo invitar a alguna amiga a tomar la leche?”. Las escapadas a la casa de mi amiga Pauli para jugar a los Play Mobil o para vender alguna piedra pintada en la calle. Las mañanas con Nacho y mamá cuando el humor de mi hermano estaba siempre en su punto óptimo. ¡Cómo nos reíamos!. Y ya más adelante en el tiempo recuerdo las salidas con Vane al Cru, los comienzos de mi vida “amorosa” (como para darle un nombre dulce), los primeros pasos de mochilera con alguna mentirilla en el medio a mis viejos para que no se preocuparan. Las tardes enteras en la Universidad sufriendo antes de rendir un final. En el medio está la escuela secundaria, que realmente no fue mi momento más feliz, estudié de más, no lo disfruté lo suficiente, pero lo mejor que me quedó de esos años fueron unas amistades para toda la vida: Ile, Ugi, Julieta, Julia. Tal vez ahora no nos vamos a ver casi nunca y nos vamos a escribir poco, pero sé que están ahí y ellas saben que yo estoy ahí para ellas. También hubo momentos de pérdidas. Pato y Juan se fueron demasiado pronto, pero no pasa un año sin que los recuerde demasiadas veces. De todos y de todo tengo recuerdos hermosos y sé que Mar del Plata va a ser siempre ¨mi querida Mar del Plata¨.

Siguiendo con las aventuras de nuestro querido Hernan. En Mar del Plata tuve que llevarlo a hacerle alineación y balanceo. Obviamente le encontraron alguna otra cosita rota que tuve que mandar a arreglar. Feliz de haber hecho todos estos arreglos salí hacia Santa Fe con el ato cargado segura de que ahora el viaje iba a ser tranquilo.

Mi amiga Julieta me acompañó hasta Buenos Aires. Cuando salí hacia Santa Fe desde Buenos Aires noté que el auto perdía agua, lo llevé al mismo taller de la vez anterior y me dijo que la bomba de agua estaba pinchada, pero que podía llegar tranquila a Santa Fe agregándole algo de agua si veía que se iba quedando sin agua. Así salí, medio nerviosa pero segura de que todo iba a salir bien.

Cuando llego a Rosario me agarra un embotellamiento, el auto se empezó a recalentar entonces decido seguir a unos camiones que estaban tomando un atajo, cuando veo que así tampoco puedo avanzar hago marcha atrás y zas! Meto el auto totalmente cargado en una tremenda zanja…sólo a mi me podía pasar eso. No podía creer que me estuviera pasando esto. Pero hay algo alrededor mío que hace que siempre aparezca alguien de la nada para ayudarme. Se acercaron dos hombres que me habían visto protestando y dando vueltas alrededor del auto. Ellos estaban trabajando en una obra frente a donde estaba yo y vinieron directamente con el lazo para atar mi auto a un camión que estaba adelante mío. Y así como nada me ayudaron a sacar el auto de la zanja sin problemas. Pero ahí no termina la cosa.

Eran las 2 de la tarde y hacían como 30 grados de temperatura. El auto calentó de más. Al continuar mi camino sentí el motor medio raro y ya cuando empecé a oler a quemadito decidí parar. A todo esto me iba comunicando con mi viejo que me daba recomendaciones de lo que tenía que ir controlando para que no recaliente. Lo único que llamaba la atención es que la botellita de agua estaba cada vez más completa y seguía caliente después de haber parado el motor por un rato largo. Esperé la grúa en el km 10 de la autopista Rosario-Santa Fe por una hora y media. Por única compañía tenía a la perrita que se bancó todos los problemas sin chistar. Mauricio, el chico que vino con la grúa revisó el auto. Diagnóstico: En vez de estar consumiendo agua, el sistema tenía presión o sea que largaba el agua para afuera y según parecía se habían soltado? las juntas. Sin saber qué mierda me estaba diciendo llamé al taller que el seguro me había recomendado en Rosario. Conclusión: me iban a tener el auto arreglado recién para el miércoles (era sábado) y me salía alrededor de 1500 pesos. No quedaba otra que pedirle al seguro que me den una grúa para que me lleve a mi casa en Santa Fe. Recién ahí iba a poder empezar a tomar decisiones. Y así fue que esperé a una segunda grúa por dos horas y cuarto en una estación Shell en la circunvalación de Rosario. En el medio de todo esto eran tantas las llamadas que recibía para ver cómo estaba que me estaba quedando sin batería en el celular. Así que iba como perro loco del baño al auto ya que había puesto a cargar el celular en el baño. América era directamente una perra loca que me seguía a todas partes y me miraba con cara como diciendo: “¿Y? ¿para cuando?”. Así fue que después de unos días le descubrí que tiene como una alergia o sarna que según la veterinaria es un bajonazo de defensas. Hasta ella se puso nerviosa.

A todo esto, después de que los 120 minutos de espera de la grúa habían pasado me agarró una paranoia importante. Se me metió en la cabeza que la grúa había pasado y que no me había visto…que se había ido sin esperarme. Ya eran pasadas las 20 hs y era de noche. Empecé a llamar al seguro de vuelta y “ en este momento todos los operadores están ocupados” fue la única respuesta que recibía. Ahí enloquecí un poquito. Se me acercó un chico muy piola y me tranquilizó y me ofreció su celular para llamar a otro número de Atención mecánica. Así fue como me comuniqué y mientras estaba hablando ví aparecer a Luis en su grúa. Volví a respirar. Le agradecí a este muchacho con una gran sonrisa. América le dio unos lenguetazos en la mano.

Ya arriba de la grúa (America literalmente ya que se quedó adentro del auto) Luis, de 26 años que parecía bastante más, me contó la historia de su vida, y charla va charla viene llegué a mi casa, con mi perra y un auto que ya no da más.

Ha sido una aventura larga y tediosa pero puedo rescatar varias cosas positivas. En primer lugar, aunque me puse bastante nerviosa con la situación, pude zafarla sin derramar ni una sola lágrima. Segundo, por suerte no pasó nada grave, lo único embolante que entre ida y vuelta gastamos dinero como para comprar otro auto. Tercero, tuve mucha gente preocupada por mí, me sentí muy acompañada. Cuarto y último, tomamos la decisión con Fabi de finalmente cambiar el auto. Ya no me siento segura viajando con este auto. Ahora lo vamos a arreglar para ponerlo en venta, que nos den lo poco que vale y listo. Han sido años de mucho viaje, de mucho andar, de muchísimos kilómetros. Este autito nos dio mucho, pero hay llegado el momento. El año 2011 empezó con demasiado cambio. Fabi tiene trabajo nuevo, conseguimos casa nueva en una ciudad nueva, yo empiezo un estudio nuevo, y ahora auto nuevo…de a poco, a pasito de bebe las cosas van a ir saliendo.

Nos encontramos en un tiempito…vengan a visitarnos cuando quieran el tiempo que quieran. Hay espacio y pileta…si vienen con auto mejor!!!





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