jueves, 6 de febrero de 2014

Hanoi, la capital.


Ahora que lo veo desde lejos Hanoi es una mezcla bastante extraña: tiene barrios calamitosos combinados con calles al mejor estilo Parisino y lagos rodeados de Pagodas bellísimas. Aun conservan muchísimo de la arquitectura francesa consecuencia de las épocas de ocupación, como también quedan resquicios de una época aún anterior con el Hoam Kien Lake y el Templo de la Literatura.

A diferencia del sur de Vietnam, el norte es muy húmedo y lluvioso. Calculo que esto sumado a las circunstancias políticas con las cuales los Vietnamitas del Norte han tenido que lidiar durante casi todo el siglo XX hacen de su gente bastante más amarga, fría y mal educada que en el sur.

Estar en Hanoi durante 5 días nos agotó bastante, principalmente por este motivo. La gente literalmente te golpea caminando, no hay ningún respeto de parte de las motos por el mínimo espacio que los comercios dejan sobre las veredas, por lo que al peatón no le queda otra que tener que ir esquivando motos y autos cuando le toca caminar por la calle. Ni hablar lo que significa cruzar una calle. La técnica es caminar muy despacio pero de manera constante, las motos de esta manera te pueden esquivar ya que pueden predecir tus movimientos. En los negocios los vendedores son simpáticos sólo si les comprás, sino te tratan con bastante menosprecio…y obvio que acá continúa el continuo tira y afloje con los precios. Todo esto sumado a una lluvia bastante constante nos cansó y realmente teníamos ganas de dejar Vietnam atrás.

 A pesar de todo esto Hanoi nos regalómomentos hermosos, entre ellos el tour que hicimos por Halong Bay. Este tour lo compramos desde el hotel, por recomendación de nuestros amigos Vicky y Tero a 45 U$ cada uno. Incluía traslado a la bahía, el paseo en barco con una noche en camarote y todas las comidas. Lo cómico era que en los traslados los buses paraban en unos lugares de venta de estatuas gigantes de patio, como si uno comprara esas cosas así como si nada, tal vez me entraba una en la mochila. Ayudó a que el paseo sea agradable el hecho de que conocimos un grupo de gente con la cual armamos un grupo de ¨latinos¨: dos españoles, una chilena y tres argentinos en Halong Bay. La charla y compañía fue bárbara, nos reímos muchísimo, parecía que nos conocíamos hacía años. Éramos personas que tal vez en nuestros respectivos lugares no nos hubiéramos dado ni la hora: totalmente diferentes, con intereses dispares, con pasados más o menos extraños, pero en ese preciso instante el tiempo nos juntó y nos hizo sentir cercanos. ¿Entienden lo hermoso que es viajar?.


Halong Bay es una bahía al norte de Vietnam que tiene unas formaciones tipo islotes, miles de ellas y uno puede navegar entre ellas. Llegamos a un pueblo flotante de pescadores, en medio de los islotes. Increíble realmente que haya familias viviendo a varias horas a bote de tierra firme, con el sólo recurso de los peces que pueden sacar del mar. Allí bajamos del barco para hacer un poco de kayak metiéndonos en unas cuevas increíbles, silencio absoluto, sólo nosotros dos y el ruido del agua cuando la golpeábamos con los remos.

A la noche jugamos al chancho con el grupo ¨latino¨. Con ellos nos volvimos a encontrar una noche a la vuelta en Hanoi. Como también una noche nos encontramos con Ina Egermann, una alemana que habíamos conocimos en la estación de tren de Nha Trang. Con ellas fuimos por primera vez a comer a un lugar en la calle. El menú era el siguiente. Uno agarraba un palito tipo brochet y pinchabas carnes y verduras variadas ya cortadas y lavadas. Te lo cocinaban y luego pagabas por las elecciones realizadas. Estaba muy rico y parecía todo muy limpio, pero uno siempre desconfía un poco en comer en la calle. Ina era una mujer realmente valiente. De joven había viajado mucho, pero luego con el ajetreo de haberse recibido y haber comenzado atrabajar, había desechado la aventura de su vida…hasta que se cansó. Dejó todo, armó su mochila y salió de viaje por Africa, Sudeste Asiático, Nepal y Australia. Sin planes, solo con la idea de trabajar en el camino. Cada tanto seguimos recibiendo mails de ella con sus aventuras.

En Hanoi no podíamos dejar de visitar el mausoleo de Ho Chi Minh. Allí lo tienen embalsamado. Para ingresar hay muchísimo protocolo, entre otras cosas, al entrar a la sala uno tiene que caminar constantemente por donde le indican, los brazos tienen que estar estirados al costado del cuerpo, no se puede hablar ni hacer muecas, no se puede entrar con cámaras de fotos ni celulares. El más absoluto respeto al héroe nacional.









Nos despedimos de Hanoi desde una estación de tren hacia la frontera con China, hacia Yangshuo, tierra de sueños.

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