lunes, 15 de diciembre de 2014

Ahora soy yo la persona de las incoherencias....queriendo volver al país de las incoherencias.

En el desierto de Rajhastan,volviendo del Desert Safari

¿Por qué pasa esto? No soy la única, a muchas viajeras nos sucede que queremos salir corriendo desesperadas hacia nuestras casas y nuestras costumbres, nuestra gente, nuestros olores y nuestros tiempos. Queremos alejarnos de ese caos constante de tuc-tuc, rickshaws, vacas, monos y perros callejeros. Las bocinas nos aturden de tal manera que lo único que pensamos es en volver al silencio de la habitación del hostel.

¿Por qué pasa que después de unos meses de salir de la India uno quiera regresar? ¿Qué hay en la India que me imanta? Fui muy dura en mis reflexiones sobre esa inmensidad de país, su gente y sus creencias. Pero, imprevistamente, después de unos meses retomo la lectura del diario de viaje y me encuentro sonriendo ante los recuerdos. Veo que hay un aire de alegría en todo lo que escribí, a pesar del desfile de miseria, de pobreza y de angustias que pasaron por delante de mis ojos.

Vuelvo atrás y veo muchas caras amistosas que ofrecieron su ayuda con sinceridad o que simplemente me regalaron una sonrisa.

El joven de Nepal que había decidido irse al desierto de Rajhastan a conseguir trabajo. Nos acompañó hasta el tuc- tuc que a las 12 de la noche nos llevaba a la estación de trenes de Jhodpur. Nos contó su historia. Nos saludó al despedirnos con la alegría de quienes esperan volver a verse algún día.

El vendedor de libros en el fuerte de Jaisalmer que con una frase se definió: ¨Los libros son mi alimento¨. Su recomendación de libros sobre la India sobrepasaron mis expectativas.

La mujer, madre y oficial de la Armada de la India que nos enseñó un poco sobre la vida en su país, con ganas nos relató anécdotas de cómo ella ya era muy grande cuando quedó embarazada a los 30 años. Ella había preferido volar en ala delta antes que tener hijos.

El Guardaparque que hablaba inglés. Su sonrisa y simpatía lo hacían radiante. Nos ayudó desde el primer momento a que podamos llegar al Safari y nos contó sobre la historia de su decisión por ese estilo de vida.

El niño de 10 años que hablaba perfecto español de aprenderlo con los turistas. Nos sonrió por días tratando de convencernos con chistes y un poco de té masala de comprar unas chalinas en el negocio de su jefe.


Son tantas las personas que me sacaron una sonrisa que tal vez encuentro en ese solo acto mis ganas de volver.

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