domingo, 1 de marzo de 2015

Dejando atras la cordillera...

Primer día de ruta de Felipe. Ahora somos tres, las charlas se extienden, todo se enriquece cuando un camino se comparte con un verdadero viajero, alguien que pone la pizca de humor cuando se necesita o que trata de reflexionar sobre los momentos mas tensionantes. Salimos los tres de El Chalten hacia Calafate al encuentro del Glaciar Perito Moreno. Siempre sorprende. Es la tercera vez que estoy frente a la inmensidad de hielo y nunca deja de impactar. Es. El único glaciar que no esta en retroceso. Sigue creciendo a 2 metros por día. Lo hermoso del glaciar es que también tiene musica. Cada trozo de hielo que cae es esperanza de ver el gran espectáculo.

En ningún momento del viaje dejamos de ver guanacos, liebres y choiques en la ruta, pero aun estamos con las ganas del gran encuentro con el puma o el huemul...aun no aparecen.

Esa noche dormimos en Calafate . Y nos dimos el gran lujo. Nos sentamos en un restaurantes a comer trucha y tomar cerveza roja artesanal de la ciudad.

Al otro día era el gran desafío. Cruzar desde la cordillera hacia la ruta 3 en la costa por la ruta 9 que bordea el río Santa Cruz. Ripio. En el camino Felipe me mencionó una frase que un amigo le dijo alguna vez. Nadie logra el equilibrio total, ni la paz absoluta...la armonía no coincide con el concepto de vivir. Justamente eso somos, seres que en vez de ser equilibrados somos equilibristas. Tratamos de mantenernos estables para poder ser mas felices en el día a día. Me gusto mucho la idea ya que no es fácil aceptarse con lo bueno y lo malo. Los hábitos, los temores, nos acompañan aun cuando viajamos que es cuando mas tenemos oportunidad de recrearnos.  Así fue que esta ruta nos desafío a todos, y a mi me supero. Son 200 km de ripio. Se pueden hacer en auto si uno va tranquilo. Las camionetas pasaban a 80 km por hora sin problema. Sobre esta ruta hay un proyecto de hacer una represa por lo que la empresa Punta Azul S.A ya esta moviendo su flota de camiones para comenzar con la obra. Lo bueno fue hacer este recorrido antes de que el paisaje cambie. En unos años lo que nosotros vimos ya no nva a existir, el entorno va a cambiar. Es una ruta muy poco transitada, con algunas estancias lejanas, el río que aparece cada tanto, la estepa, el viento y muchísimos guanacos, choiques y mulitas acompañando el ritmo del auto. Lo que realmente vale la pena es la sensación de soledad que no se tiene en muchos lados. Esa noción que me atrapa y me asusta al mismo tiempo. Esta vez el aislamiento me afecto. Tuvimos la mala suerte de pinchar dos ruedas en 20 km. Ahí estábamos, aun a 120 km  de Piedra buena, sin poder avanzar y sin señal. No pude hacer otra cosa que ponerme a llorar. Fabi me calmaba. Realmente no pasaba nada. Se iba a solucionar, pero en ese momento solo veía una gran mancha negra. Paso una ambulancia que me llevo a mi y a una de las ruedas pinchadas hasta una gomería del pueblo. Las distancias en Patagónia son diferentes. 120 km para ellos no es nada por eso no fue difícil conseguir un remisse que me llevara de vuelta en poco tiempo al rescate de los muchachos. Eric, el gomero, a quien volví a ver dos veces mas ya que volvimos a pinchar estando en la zona. Hector, el remissero, quien preparo mates para que el viaje de rescate sea mas llevadero. Fabi y Feli ya estaban armados para preparar la noche cuando a las 9 de la noche llegamos con la rueda emparchada.

Llegamos finalmente a Puerto Santa Cruz donde conseguimos un dormí en el camping Municipal.

No se si fue suerte pero el encuentro con l gente adecuada salvaron la situación. El buen humor de Felipe, la buena onda de Fabi, de mi solo puedo decir que fui resolutiva. Pero fue una situación que me supero. Cuando me subí a la ambulancia y me despedía de Fabi con la promesa que iba a volver sin en realidad saber si iba a poder me partió el alma. El me sonrió y me saludo desde la polvareda que la ambulancia levanto al emprender camino. Yo no podía dejar de llorar de la angustia. Ahí me di cuenta de que debía transformarme en equilibrista, respirar profundo y entender que no pasaba NADA. El desierto patagónico me asusto.

Felipe luego menciono que estas cosas son las que se transforman en relato de viaje y que ayudan a conocernos mejor, a reforzar lazos. Tengo tanto que aprender aun,  lo se de la teoría, pero en la practica aun hay momentos en que toda la meditación del mundo, las charlas con una amiga o el psicologos, las experiencias vividas a lo largo de las rutas quedan en el olvido. ¿ como hacer para enfrentar estos miedos irracionales con calma? Viajar nos enfrenta constantemente a ellos, no me queda otra que seguir viajando y seguir intentando...

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